¿Del bobo-advisor al robo-advisor?

Fintech
Como inversor particular, ¿realmente vamos a acabar cediendo a un robot online de este tipo la gestión de nuestras inversiones? Pues depende. Hagámonos una serie de preguntas antes.

Se habla mucho últimamente sobre “robo-advisors”: algoritmos que diversifican automáticamente nuestras carteras a través de ETFs partiendo de una serie de preguntas (objetivos, capacidad de riesgo, patrimonio, ingresos, edad y poco más). En Estados Unidos ya son una tendencia incontestable.Suele darse la referencia de Wealthfront como una especie de Uber de la gestión de carteras. Disruptivo, muy eficiente y barato (100% internet) y con mucho crecimiento.

Como inversor particular, ¿realmente vamos a acabar cediendo a un robot online de este tipo la gestión de nuestras inversiones? Pues depende. Hagámonos las siguientes preguntas para saberlo.

Pregunta 1: ¿Nadie sabe nada?

El primer supuesto que da sentido a Wealthfront es el siguiente: nadie bate al mercado consistentemente, nadie gana a los índices a largo plazo y por lo tanto pagar un 2% al año a fondos de inversión para tratar de hacerlo es tirar el dinero que a usted tanto le costó ganar. Incluso aunque a usted no le parezca tan grave porque no percibe las comisiones de los fondos, es mucho dinero que tira a cambio de nada. Para eso, mejor diversificar la cartera por tipo de activo (verdadera clave de la rentabilidad), entrar al ETF que replica el índice y cuesta 20 veces menos y ya lo tiene usted.

¿Ajustes de cartera? Los mínimos al año porque como tampoco nadie acierta con el timing del mercado, lo mejor es ser un inversor lo más pasivo posible. Cuanto más le guste a usted operar en bolsa y seguir su cartera a corto plazo como entretenimiento, el robo-advisor le va a aburrir. Si sospecha que el hobby de gestionar su cartera le puede salir a usted más caro que ir al bingo o simplemente no tiene demasiado interés en seguir sus inversiones más que a largo plazo, entonces el robo-advisor le va a gustar más.

Sin embargo, si usted es de los inversores que no se conforman y quiere ir a ver qué hubiera pasado si en vez de ETFs hubiera invertido en el 1% de los fondos que sí batió al índice. Por ejemplo, en fondos españoles, incluso admitiendo como desastre general los resultados de este informe del IESE, lo más rentable habría sido tener tu cartera en los últimos años en Bestinver:mucho más que en cualquier otra gestora, pero también mucho mejor que en robo-advisors/ETFs.

A este argumento, los robo-advisors podrían alegar: uno, que lo de Bestinver ha sido suerte, que sería el argumento de los más fanáticos de la teoría del paseo aleatorio; o dos, que el hecho de que Bestinver haya batido en el pasado no garantiza nada en el futuro y cosas como que, por ejemplo, los gestores que hicieron esas exitosas carteras en Bestinver ya no trabajan ahí. (Este segundo argumento es tramposo porque estaría reconociendo que sí que hay gente que bate el mercado.)

Pregunta 2: ¿No quiero hablar con nadie?

Usted será más propenso a ser cliente de un robo-advisor si no le gusta hablar con un asesor personal, y esto es posible que le pase si ya está harto de tratar con asesores que piensa que no le ofrecen valor e incluso que le engañan (quizás intuye que no le recomendaron en su día Bestinver porque Bestinver no pagaba retrocesiones y, por lo tanto, no entraba en su gama de productos recomendados); y b) si usted es un millennial al que le molesta hablar incluso por teléfono para hacer cosas como contratar el seguro del coche. Si hay que hablar, no lo contrata: se cambia a otra web en la que pueda contratarlo sin hablar con ningún humano.

Aquí mi hipótesis es que incluso en estos dos casos (en el de los millennials apuesto que también), es complicado que usted no quiera hablar con nadie tratándose de su inversión. Ya lo sabemos: tenemos un cerebro primitivo que no funciona bien a la hora de tomar decisiones financieras, con un montón de sesgos que nos hacen tomar decisiones irracionales en contra de nuestros intereses. Una forma de aplacar esta especie de sesgo (o tara) mental es la necesidad de aplacar nuestros temores hablando con alguien, que nos asesoren.

Tenemos un cerebro primitivo que no funciona bien a la hora de tomar decisiones financieras

Otra cosa es que esa persona nos ayude a tomar decisiones más racionales (y para esto podrían apoyarse en algoritmos de planificación financiera que nos ayudaran a detectar nuestros sesgos para tratar de mitigarlos) o simplemente sea un apoyo de nuestra irracionalidad (con la ayuda de toda la industria y regulación financiera, por cierto), tomando decisiones que claramente son perjudiciales para nosotros. Podríamos llamar a este tipo de asesores “bobo-advisors”, equivalentes a un médico que te diga que sigas fumando porque al fin y al cabo es lo que al paciente le gustaría oír.

Pregunta 3: ¿Me importa poco la fiscalidad?

Como ya hemos dicho, un servicio como Wealthfront basa la mitad de su valor (o más) en que el producto final en el que invierte son ETFs, mucho más baratos que los fondos. Pero en España los ETF tienen un problema relativo a los fondos, que están protegidos fiscalmente (de hecho están más protegidos que las SICAVs, aunque no se suele decir). Para una persona física, la ventaja de no pagar a Hacienda cada vez que haces un traspaso entre fondos se pierde en el caso de los ETFs y eso puede hacer que lo que te ahorres por el lado de las comisiones lo pierdas en impuestos. En el caso de personas jurídicas, esta desventaja relativa no existe porque pagas a Hacienda cada vez que cambias de fondo.

Pregunta 4: ¿En serio invertiría en un servicio llamado robo-advisor?

Posiblemente, el nombre más desafortunado del mundo.

En conclusión, si usted ha contestado afirmativamente a estas cuatro preguntas, usted es parte de esa minoría (que crecerá con el tiempo) que es cliente potencial de un robo-advisor. En cualquier caso, bienvenida sea la llegada de los robo-advisors: su influencia va a ser sanísima para toda la industria financiera, en la que no sobran las personas pero sí esos bobo-advisors que mencionábamos antes.

*Salvador Mas, CEO de Finametrix.

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